Era una niña cuando entre granos de café de Sevilla, en el Valle de Cauca, a tres horas de Cali, jugaba al fútbol con las niñas del pueblo. Cómo llegó aquí y cómo es su vida entre goles, un hijo, bachatas, el amor y Aguilares.
Daniela Ramírez, jugadora de Newbery.
“Hoy se entrenó a las cuatro, ¿sabe? Todas las compañeras me acogieron muy bien. Eso fue una de las cosas que más me gustó. No me hicieron el feo, ¿me entiende?”.
Daniela Ramírez es colombiana y sabe muy bien qué es el café con aroma de mujer. “Es que yo he nacido en Sevilla Valle, un pueblo cafetero, de montaña, de donde es el café más rico de toda Colombia, ¿me entiende?”.
En Sevilla Valle del Cauca, bautizada como La capital cafetera de Colombia, en ese pueblo ubicado a tres horas de Cali, entre gazpacho y caracoles, entre serranito y chipirones, entre pandeyuca y arepa valluna, entre empanadas y aborrajado, entre chontaduro y mango biche, ahí, al son de bachatas y vallenatos, había una niña que solo quería jugar a la pelota.
“Pero en mi pueblo solo jugaba un puñado de niñas. Por machismo o yo qué sé, no juegan mucho las mujeres al fútbol. Allí las niñas, si queríamos jugar, debíamos viajar a otros pueblos y solo jugábamos futsal, o fútbol 5 como le llaman aquí. Teníamos departamentales, lo que sería la Liga aquí. Pero fútbol 11, señor, fútbol 11 no había”.
Entonces aquella niña que luego creció y terminó el colegio secundario, tuvo una idea: golpeada por una de las mayores crisis socioeconómicas de Colombia, sin trabajo y con los costes de estudiar una carrera universitaria altísimos, con ustedes: Tucumán.
“Llegué a Tucumán hace cinco años. Sí, en Colombia era muy duro estudiar, muy costoso, ¿sabe? Llegué a Alberdi con otro colombiano que tenía un primo en Alberdi. Él nos daba trabajo. Con 18 años, en un lugar que no conocía ni había escuchado nombrar, hacía ventas de casa en casa por Alberdi: ofrecía juegos de sábanas, toallas, acolchados, y también llevaba muebles. Cosas que nunca había hecho. Muy diferente, ¿sabe?”.
Después de la primera aventura en Alberdi que duró dos años, después de empezar la carrera de Educación Física, llegó el tiempo de ponerse en modo avión y llegar a Aguilares para conocer a Newbery, donde se enamoró, fue mamá de un bello niño llamado Juan José y volvió al amor de pequeña: el fútbol.
“Aquí encontré todo: tengo a mi marido, a mi niño que es mi vida entera, y a mis compañeras de equipo. Hace 3 años que no voy a Colombia, pero no quisiera volver allí: aquí estoy estable y muy agradecida con la gente”, le cuenta Daniela a eltucumano, mientras de fondo suena una bachata porque, primera sorpresa, la cumbia de acá no le gusta.
“Me gusta la bachata porque es otra cosa, ¿sabe? No tienen ningún remix ni nada por el estilo. Pero me gustan muchas cosas de vivir en la Argentina, como el asado, amo el asado. Lo que tampoco me gusta mucho es el clima. El primer invierno fue muy duro, me costó acostumbrarme, pero ya lo estoy haciendo. Ah, y disculpe, pero son mejores las empanadas de Colombia hechas con maíz amarillo, ¿eh?”, se ríe Daniela, quien este fin de semana tendrá libre porque se están recuperando fechas, pero con la tranquilidad de que Newbery, el Rojo, el Aviador, ya despegó a la segunda ronda.
“¿Que como juego yo? ¿Como Valderrama? ¿Como James? ¿Como Cardona? Nooooo. Pues eso tiene que decirlo el Profe Diego. Soy 10, pero también juego como doble cinco. Me gusta dar pases-gol. Sol Albornoz es nuestra goleadora. Y vamos bien: ya se acabó la primera ronda y en las posiciones vamos de segunda. A mí me falta un poquito si quiero estar a la altura de todas, quisiera pulirme, ¿usted me entiende?”
Mientras Daniela Ramírez se prepara para trabajar, entrenar, estar con su familia, salir a dar un paseo, recuerda sus tiempos en Colombia, sonríe nostálgica cuando vio a su Selección enfrentar a la Argentina en Córdoba, o cuando vio al Nacional de Medellín aquí contra Atlético por la Copa Libertadores. “Y nosotras le ganamos a Atlético, ¿eh? Me gustó mucho ir a la cancha de Atlético, pero fue más bonito cuando fui a ver a Colombia, ¿sabe? Sí, claro que extraño, pero mi vida está aquí, en Aguilares, en Tucumán. Luego quién sabe. Luego quién sabe lo que pasará”.


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